Hay dos tipos de personas. Las que adoran la Navidad y las que la odian o no la disfrutan. Detrás de ese – «a mi no me gustan las navidades» – hay un sinfín de motivos. Pero el denominador común son las etiquetas que nos han vendido sobre la Navidad.
Felicidad, familia, amigos, compartir, comidas, cenas, compras, fiesta…. la lista es prácticamente interminable. Y en cuanto te descuidas acabas haciendo lo mismo que todos. Pasando tiempo con la familia (la que te gusta y la que no), llenándote de quehaceres, corriendo, aguantando colas para comprar regalos, organizando y cambiando rutinas… y todas las que queráis añadir; y son demasiadas cosas. Tantas que acabamos hartos de toda la actividad que requiere celebrar las navidades como está estipulado.
Yo confieso que adoro la Navidad. Hay ausencias muy importantes en mi vida y nunca es todo perfecto. Pero simplemente me gusta, sin más. Los adornos, las luces, la comida… no se. En un mundo donde la mayoría de las personas se sienten infelices, hay un momento en el que si quieres, puedes de repente disfrutar.
Pero hay una cosa que es, para mí, la más importante. Y es vivir las navidades como te de la gana. Eso significa en la mayoría de los casos, cambiar el concepto pre-diseñado que tenemos de la Navidad por uno más acorde a nosotros para que tenga el significado que tú quieras.
Parece complicado pero solo tienes que pensar qué harías si no te sintieras presionado por la necesidad de la aprobación de los demás para que surjan un montón de ideas.
Quizás quieras descansar, o viajar, o quedarte en casa y cenar un sandwich. Puede que quieras pasarlas solo o hacer una fiesta en tu casa. O simplemente no celebrar nada. Da igual. Lo interesante es lo que te apetece hacer y no estás haciendo.
He pasado navidades muy diferentes y desde hace muchos años, son a mi medida. Si voy a salirme de la rutina, será a mi manera. Cenar en Nochebuena con la familia está muy bien si es tu rollo. Pero si realmente quieres otra cosa, ni lo dudes. Por experiencia te digo que es una de las cosas más gratificantes que he experimentado.
Pero intenta comunicarlo con asertividad. No todo el mundo te va a poner buena cara, por supuesto. Y tampoco se trata de ir con tu nueva filosofía por ahí como pollo sin cabeza. Tan importante es que los demás respeten tus decisiones, como que tu respetes que no todos lo vean bien.
Y no hay más truco que ese.
Navidad es varias fechas en un calendario y muchas etiquetas. Empieza a poner las tuyas. ¡Diseña tu Navidad!
Un abrazo.
Eva Gascón.
