Soy terapeuta transpersonal y creadora del método ORÍGENES.
Acompaño a personas que sienten que algo dentro de ellas sigue en lucha, aunque por fuera “todo esté más o menos bien”.
Durante muchos años yo también viví así. Con una sensación constante de amenaza interna, miedo a perder, miedo a quedarme sola, miedo a no ser suficiente.
La ansiedad estuvo presente en mi vida desde muy temprano, aunque tardé mucho tiempo en entenderlo.
La muerte, la soledad y el rechazo fueron mis grandes fantasmas. Y la vida, con su peculiar sentido del humor, decidió ponerlos todos sobre la mesa cuando aún no tenía recursos para sostenerlos.
A los veintiocho años había perdido a personas muy importantes de mi familia y me quedé sola con mi padre.
Sin darme cuenta, fui construyendo una forma de estar en el mundo basada en el autoabandono: priorizaba a los demás, mendigaba amor, me sentía en deuda, me costaba poner límites y hacía muchas cosas que en realidad no quería.
Vivía con culpa, con una autoestima muy frágil y con una necesidad constante de control que me dejaba agotada.
Mi cuerpo empezó a hablar. Primero en forma de tensión, falta de aire, insomnio. Después con síntomas cada vez más intensos que me llevaron al colapso.
Pasé por diagnósticos, medicación y terapias donde se hablaba mucho pero algo esencial no terminaba de cambiar.
Recuerdo muy bien la sensación de desamparo, de pensar: “¿esto es lo que hay?”
Y no. Eso no era vivir.
Decidí buscar respuestas más allá de lo establecido. No quería aprender a convivir con el malestar. Quería entenderlo y transformarlo.
Ese camino me llevó, primero, a sanar profundamente en mí. Y después, a formarme durante años en distintas herramientas terapéuticas —mindfulness, PNL, terapia transpersonal, sistémica, trauma, cuerpo, conciencia— no por acumular títulos, sino por encontrar lo que de verdad funcionaba.
Con el tiempo comprendí algo clave: el malestar no aparece porque sí. Tiene un origen. Y cuando ese origen se hace consciente y se integra, el sistema deja de luchar.
De ahí nace ORÍGENES. Un método terapéutico que no se queda en entender la historia, sino que acompaña a reordenarla desde la raíz.
Hoy tengo una vida que habito. No perfecta, pero profundamente mía. Una vida en la que ya no estoy en guerra conmigo.
Sigo teniendo dos debilidades: el chocolate y los abrazos. Y una certeza: cuando dejamos de pelearnos con lo que somos, algo se afloja por dentro.
Si algo de lo que has leído aquí te ha tocado, no hace falta que hagas nada más ahora.
Cada día escribo un correo para mujeres que sienten que su historia aún pesa y no quieren seguir luchando consigo.
No prometo soluciones rápidas, pero sí un espacio donde entenderte sin juicio.
Si quieres, puedes empezar por ahí.
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